En los últimos años ha cobrado especial relevancia la માતા માટે પેર્ટ્યુસિસ રસીકરણ, una estrategia que busca proteger a los bebés desde antes incluso de que nazcan. Cada vez se acumula más evidencia de que inmunizar a la mujer embarazada no solo la protege a ella, sino que también ofrece un escudo muy valioso al recién nacido durante sus primeros meses de vida.
Esta línea de trabajo se ha reforzado con nuevos estudios realizados en Europa, que demuestran que los anticuerpos generados por la vacuna en el embarazo pasan al bebé de forma más amplia de lo que se pensaba. En un momento en el que la tosferina sigue causando muertes infantiles en distintos países y preocupa por los brotes periódicos, entender bien cómo y cuándo vacunar a las gestantes se ha convertido en una prioridad para los sistemas sanitarios.
Cómo protege la vacunación durante el embarazo frente a la tosferina
La tosferina, también llamada tos convulsa o coqueluche, es una infección respiratoria muy contagiosa que afecta especialmente a los lactantes y a los niños pequeños. En los primeros meses de vida, cuando el sistema inmunitario aún está inmaduro y el calendario infantil apenas comienza, el riesgo de complicaciones graves y fallecimiento es mayor.
Por eso muchos países europeos han impulsado en los últimos años programas de vacunación materna específica contra la tosferina. El objetivo es sencillo: aprovechar el embarazo para que la madre genere anticuerpos y los transfiera al bebé a través de la placenta, de modo que el recién nacido llegue al mundo con cierta protección a la espera de recibir sus propias dosis de vacuna.
En Países Bajos, por ejemplo, desde 2019 se ofrece de forma sistemática la llamada “vacuna de las 22 semanas” a todas las embarazadas. Se trata de una inmunización frente a la tosferina incluida dentro de la vacuna combinada Tdap (tétanos, difteria y tosferina) que se administra en ese momento de la gestación para maximizar la transferencia de defensas al feto.
Este enfoque es extrapolable al contexto español y europeo, donde las recomendaciones de los comités de vacunación y de organismos como la વિશ્વ આરોગ્ય સંસ્થા (ડબલ્યુએચઓ) insisten en la importancia de proteger a los lactantes desde el entorno materno. La idea de fondo es clara: cuanto mejor protegida esté la madre, mayor será el colchón de seguridad para su hijo en las primeras semanas de vida.
Un hallazgo clave: anticuerpos también en la mucosa nasal del bebé
Un grupo de expertos del Centro Médico de la Universidad de Radboud (Radboudumc), en Países Bajos, ha aportado datos novedosos sobre cómo actúa la vacunación materna frente a la tosferina. Su trabajo, publicado en revistas científicas internacionales, se centró en comprobar no solo la presencia de anticuerpos en la sangre del recién nacido, sino también en las superficies donde la bacteria entra en contacto con el organismo.
El equipo observó que, tras vacunar a las gestantes, los anticuerpos no se limitaban al torrente sanguíneo de los bebés. También aparecían en la mucosa nasal, la “puerta de entrada” habitual de la bacteria de la tosferina. Este dato era algo que hasta ahora no se había demostrado con tanta claridad y supone un paso más a la hora de entender la eficacia real de la vacunación en el embarazo.
La presencia de anticuerpos en la mucosa nasal indica que el recién nacido dispone de una barrera defensiva directamente en el lugar por el que la bacteria intenta colonizar el organismo. Es decir, las defensas no solo circulan por la sangre, sino que se sitúan también en la superficie de las vías respiratorias superiores, donde pueden neutralizar a la bacteria desde el primer contacto.
De esta forma, la vacunación materna no solo reduce el riesgo de enfermedad grave, sino que podría disminuir la probabilidad de infección desde el inicio, justo donde se desencadena el proceso. Para contextos como el español o el europeo, donde la cobertura vacunal infantil es alta pero la bacteria sigue circulando, este tipo de protección añadida resulta especialmente valiosa.
El estudio en madres y bebés: diseño y principales resultados
Para llegar a estas conclusiones, los investigadores de Radboudumc, junto con la Unidad del Consejo de Investigación Médica en Gambia, analizaron a 343 madres y sus recién nacidos. Aproximadamente la mitad de las mujeres embarazadas recibió la vacuna contra la tosferina durante la gestación, mientras que la otra mitad no fue inmunizada en ese periodo.
Tras el parto, se tomaron muestras biológicas tanto de las madres como de los bebés. En el caso de los recién nacidos, se estudió la presencia de anticuerpos tanto en la sangre del cordón umbilical como en la mucosa nasal. De este modo, fue posible medir de forma directa la transferencia de defensas desde la madre y su distribución en el organismo del lactante.
પરિણામો દર્શાવે છે કે las madres vacunadas durante el embarazo transmitieron anticuerpos a través de la placenta, y que esos anticuerpos se localizaron posteriormente en la mucosa nasal del bebé. Este hallazgo respalda con fuerza la estrategia de vacunar a las gestantes, pues certifica que el bebé recibe una protección localizada en la zona crítica por donde circula la bacteria de la tosferina.
Los investigadores remarcan que estos beneficios se producen en un periodo extremadamente sensible: las primeras semanas y meses tras el nacimiento, cuando los lactantes todavía son demasiado pequeños para haber completado su propio calendario vacunal y son especialmente vulnerables a infecciones graves.
Diferencias entre vacuna de células completas y vacuna acelular
El mismo trabajo analizó además cómo responden los bebés cuando se les administra, ya fuera del útero materno, distintos tipos de vacunas contra la tosferina. En concreto, se comparó la vacuna de células completas con la vacuna acelular, las dos formulaciones que se utilizan actualmente a nivel mundial.
La vacuna de células completas contiene la bacteria de la tosferina entera, pero inactivada, de modo que no puede causar enfermedad. En cambio, la vacuna acelular solo incluye algunos componentes purificados del microorganismo, seleccionados para generar respuesta inmune con menores efectos secundarios.
En el estudio, algunos lactantes recibieron la inmunización con células completas a las 8, 12 y 16 semanas de vida, mientras que otros fueron vacunados con la formulación acelular. Al analizar la respuesta inmunitaria, los bebés que habían recibido la vacuna de células completas mostraron, en promedio, una respuesta más intensa que aquellos vacunados con la versión acelular.
Este patrón se interpretó como un indicio de que las vacunas de células completas podrían inducir una protección más duradera, algo especialmente relevante en países con mayor carga de enfermedad o con coberturas de vacunación más irregulares. No obstante, los autores subrayan que las vacunas acelulares presentan menos efectos adversos, lo que explica que muchos países de ingresos altos hayan optado por ellas.
Uso de cada tipo de vacuna en Europa y en países de menor renta
En Europa, incluida España, la vacuna contra la tosferina utilizada en los calendarios infantiles es mayoritariamente acelular desde aproximadamente 2005. Esta transición se justifica sobre todo por su mejor perfil de tolerancia, con una menor frecuencia de reacciones locales e inflamatorias tras la vacunación.
En cambio, la mayoría de los países de ingresos bajos y medianos siguen empleando vacunas de células completas, principalmente por su coste más reducido y por la posible mayor duración de la protección. En estos entornos, donde la tosferina continúa siendo una causa significativa de mortalidad infantil, mantener una inmunidad robusta a lo largo de los primeros años de vida es un factor clave.
Los investigadores del Radboudumc insisten en que no se trata de enfrentar una formulación contra otra, sino de adaptar las estrategias de vacunación a la realidad epidemiológica y a los recursos de cada país. En contextos con altas coberturas y vigilancia estrecha, las vacunas acelulares pueden ser suficientes, mientras que en áreas con transmisión intensa o sistemas sanitarios frágiles, las células completas siguen teniendo un papel central.
La ડબ્લ્યુએચઓ respalda esta visión y recomienda que los países que ya utilizan vacunas de células completas no las abandonen de forma precipitada, precisamente porque pueden contribuir a una protección de mayor duración. En Europa, donde el esquema acelular está bien establecido, las prioridades pasan por garantizar coberturas elevadas tanto en la población infantil como en las gestantes.
La importancia de la vacuna de las 22 semanas y otras recomendaciones para embarazadas
Un mensaje que se refuerza con este tipo de estudios es la trascendencia de ofrecer la vacuna frente a la tosferina en un momento óptimo del embarazo. En el caso neerlandés, la estrategia se centra en la semana 22 de gestación, lo que ha popularizado la expresión “vacuna de las 22 semanas”.
Este punto del embarazo permite alcanzar un equilibrio entre la seguridad para la madre y el feto y el tiempo necesario para que se generen anticuerpos y se transfieran al bebé. Aunque los calendarios y denominaciones exactas puedan variar entre países europeos, la lógica es parecida: administrar la vacuna en el segundo o tercer trimestre para que el recién nacido nazca ya con un nivel significativo de protección.
Además, esta vacunación se integra en un enfoque más amplio de prevención de infecciones respiratorias en el embarazo. Junto a la inmunización frente a la tosferina, las gestantes suelen recibir recomendaciones sobre otras vacunas como la de la gripe o, en determinados contextos, el virus respiratorio sincitial y la COVID-19. Todas ellas persiguen reducir el riesgo de enfermedad grave tanto en la madre como en el bebé durante los primeros meses de vida.
Para facilitar el acceso, la mayoría de sistemas de salud europeos ofrecen estas vacunas en las consultas prenatales habituales, de manera que las mujeres puedan vacunarse durante sus controles de embarazo sin desplazamientos adicionales. Los profesionales sanitarios juegan un papel clave al resolver dudas, hablar de posibles efectos secundarios y explicar qué beneficios se esperan en la salud del recién nacido.
Una enfermedad controlada en Europa, pero aún mortal en gran parte del mundo
En el continente europeo, los programas sistemáticos de vacunación han logrado que la tosferina se mantenga relativamente controlada. Sin embargo, esto no significa que haya desaparecido. De hecho, cada cierto tiempo se notifican repuntes y brotes, especialmente en grupos de población con coberturas más bajas o con esquemas incompletos.
A escala global, las cifras son más preocupantes. La tosferina sigue siendo una causa importante de mortalidad en muchos países de ingresos bajos y medios, donde las limitaciones de acceso y la falta de vacunas de calidad dificultan el control de la enfermedad. Se calcula que cada año mueren entre 200.000 y 300.000 personas por esta infección, la mayoría de ellas lactantes pequeños.
આ સંદર્ભમાં, આ vacunación materna se perfila como una herramienta con gran potencial para salvar vidas, especialmente allí donde los programas infantiles no alcanzan niveles de cobertura suficientes. Al garantizar que la madre está inmunizada durante el embarazo, se ofrece al bebé una protección inicial mientras se refuerzan poco a poco las defensas con las dosis del calendario.
Las autoridades sanitarias y los organismos internacionales insisten, además, en la necesidad de vigilar de cerca las coberturas vacunales y de evitar decisiones precipitadas que reduzcan el número de dosis o alteren los esquemas sin una base científica sólida. Cualquier relajación injustificada puede traducirse, a medio plazo, en un aumento de casos graves en lactantes y en la reaparición de brotes.
Implicaciones para las políticas de vacunación en España y Europa
Aunque el estudio de Radboudumc se llevó a cabo en Países Bajos y Gambia, sus conclusiones tienen implicaciones directas para países europeos como España. La constatación de que los anticuerpos maternos llegan a la mucosa nasal del bebé refuerza la necesidad de mantener y, en su caso, mejorar las estrategias de vacunación en la gestación.
En líneas generales, la evidencia científica respalda la idea de que la vacunación de todas las embarazadas en cada gestación es la manera más efectiva de asegurar que el mayor número posible de recién nacidos nace protegido frente a la tosferina. Esto requiere sistemas de citación ágiles, información clara a las mujeres y una coordinación estrecha entre atención primaria, obstetricia y pediatría.
Al mismo tiempo, el contraste entre vacunas de células completas y acelulares obliga a los responsables de salud pública a revisar periódicamente sus calendarios a la luz de los nuevos datos. Incluso en entornos de renta alta, donde la vacunación acelular está consolidada, puede ser necesario plantear refuerzos adicionales o ajustar el calendario si se observa un descenso de la protección con el paso del tiempo.
Los expertos insisten en que los estudios como el de Radboudumc deben interpretarse considerando la realidad epidemiológica local. No es lo mismo un país europeo con fuertes sistemas de vigilancia y alta cobertura que una región con recursos limitados y dificultades para completar los esquemas. En cada caso, las decisiones sobre qué vacuna usar y cuándo administrarla deben basarse en datos sólidos y en un análisis de riesgos y beneficios para la población.
En conjunto, la información disponible apunta a que la vacunación materna frente a la tosferina es una inversión sanitaria rentable, que protege a los más pequeños en la etapa más delicada de su vida y evita casos graves que suponen un importante coste humano y asistencial.
La evidencia científica acumulada respalda con bastante claridad que vacunar a las mujeres durante el embarazo frente a la tosferina ofrece una protección adicional muy valiosa a los recién nacidos, al aportar anticuerpos tanto en la sangre como en la mucosa nasal, donde la bacteria inicia la infección. En un escenario en el que la enfermedad está relativamente controlada en Europa pero continúa siendo mortal en muchas otras regiones, mantener altas coberturas, respetar los calendarios y adaptar las estrategias a la realidad de cada país se presenta como la mejor garantía para seguir reduciendo complicaciones y muertes evitables en los primeros meses de vida.